Sexo transexual gratis, porno, porno gratis, Videos Transexuales, webcam gratis en WWW.GRATISTRANS.COM

Sexo transexual gratis, Porno, Porno gratis, Videos transexuales gratis en gratistrans.com

WWW.GRATISTRANS.COM

1 - 2 - 3 - 4 - 5 - 6 - 7 - 8 - 9 - 10

RELATOS 10 - UNA ORGÍA INESPERADA

UNA ORGÍA INESPERADA Nos desnudamos completamente los tres, dejando así al aire en aquel salón seis pollas totalmente empalmadas y anhelantes de encontrar alguna boca o culo que las recibiera.

    

Lo que cuento me ocurrió en el último año de la carrera, que iba a dedicar a elaborar el proyecto final y un par de asignaturas sueltas que me quedaban pendientes. Los amigos de siempre con los que había compartido el piso durante los últimos años de vida universitaria habían ido acabando en los dos años anteriores, con lo que me tocaba quedarme solo o buscar nuevos compañeros. La primera opción la descarté de inmediato porque mi exigua economía no permitía esos lujos. Por eso cuando Arturo, un compañero de la escuela, me propuso trasladarme al piso que iban a compartir Ramón y él, no me lo pensé dos veces. Además, al estar los tres desarrollando el proyecto nos permitiría poner ideas en común y tener horarios compatibles (es una cabronada compartir piso con quienes se pueden ir de juerga mientras tú te quedas puteado acabando un proyecto).

El piso en cuestión era bastante grande, y desde luego muy lejos del típico piso de estudiante. Pertenecía a un tío de Arturo que por motivos de trabajo se había tenido que trasladar, pero no deseaba venderlo, por lo que se lo ofreció a su sobrino para ese último año de carrera. Ramón y yo pagaríamos un alquiler estándar para piso de estudiante, aunque nunca llegué a saber si este alquiler iba a parar a su tío o se lo quedaba Arturo. De todos modos era un chollo para un estudiante: suelo de parquet, habitaciones grandes, todas las instalaciones en regla, calefacción… De hecho la primera frase de Ramón cuando Arturo nos abrió la puerta fue: -Joder, tíos, aquí vamos a triunfar.

Y es que su obsesión era que montáramos una orgía antes de finalizar nuestra etapa de universitarios. De modo que os podéis imaginar la revolución que supuso conocer al trío de vecinas que teníamos en el piso de abajo. Nosotros las llamábamos los Angeles de Charlie: Sonia, una morena de piel canela con acento brasileño o portugués; Susana, otra rubia de acento argentino y Leyre, a la que conocimos con el pelo color castaño pero que se lo iba cambiando y que, por su acento, debía ser del terreno. Y las tres con unos cuerpos que quitaban el hipo. De hecho, excepto Susana, a mí me daba que las otras dos habían pasado por quirófano a aumentarse pechos y labios. Vamos, que parecían las típicas tías de revista que después deben meter en un congelador porque nunca ves una así por la calle. Y nosotros teníamos tres a nuestro alcance.

Quizás eso de "a nuestro alcance" sea demasiado decir para ese tipo de mujer que se nos antoja inaccesible, pero la verdad es que les debimos caer simpáticos, quizás por estar acostumbradas a soportar buitres entorno a ellas y que nosotros no nos atreviéramos a abordarlas. Así que fueron ellas las que poco a poco fueron entablando conversación. Así, nos dijeron que también estaban en Barcelona estudiando para azafatas de vuelo y que mientras trabajaban como azafatas en congresos, ferias, etc.

Pero mientras nuestra obsesión por las vecinas iba aumentando con el tiempo y nuestro éxito con otras chicas era más bien escaso, casi el único sexo que practicábamos era la masturbación, sobre todo a partir del momento en que descubrimos que aupándonos a un ventanuco del baño podíamos espiarlas mientras hacían gimnasia en la bicicleta estática. La visión cenital que teníamos de aquellos escotes y el bamboleo de los pechos al compás de las pedaladas eran demasiado para la calentura que llevábamos acumulada. Y cuando ya nos habíamos convencido de que el curso iba a finalizar sin ningún éxito en materia sexual con aquellas preciosidades, un fin de semana del mes de mayo todo dio un giro radical.
    
Aquel fin de semana me había quedado yo solo en el piso, pues mis dos compañeros se habían ido a sus respectivos pueblos. A mi me tocaba terminar un trabajo y tampoco tenía demasiadas ganas de aparecer por casa. Por esas fechas normalmente ya solía ir con el horario cambiado: trabajaba de noche, aprovechando
 


la tranquilidad de esas horas y me acostaba a mediodía. Así que el domingo por la mañana, una vez el trabajo finalizado, me dispuse a relajarme viendo una peli porno que me habían pasado. Todavía me acuerdo del argumento (quizás porque ya era raro que una película porno lo tenga). Era una de piratas, en la que aparecía un tío feo y barrigudo que hacía de capitán y que se follaba con su tripulación a todas las damiselas que pillaban en los barcos que abordaban.

Supongo que el tío sería el productor, porque desentonaba con todo el elenco de cuerpazos que aparecían en escena. Yo me había puesto cómodo, recostado en el sofá completamente desnudo, con las piernas abiertas y los pies apoyados sobre la mesilla del centro iba acariciando mi sexo a medida que la película avanzaba. Los piratas habían raptado a una recatada dama y a su criada del barco de un lord inglés. A medida que iba pasando la película y con la complicidad de la criada, los piratas desfilaban por la cama de la dama y ésta le iba cogiendo gusto a meterse sus pollas por todos sus agujeros. Al final el pánfilo lord inglés aborda el galeón al rescate de su dama, a la que descubre en plena acción con su criada. Como al gilipollas no se le ocurre otra cosa que recriminarle a su novia lo que está haciendo (en lugar de aprovechar la ocasión y tirarse a las dos) ésta, como justo castigo, decide despertar a los piratas, atar al lord al palo mayor, y follarse ante su mirada a los siete piratas que van turnando de tres en tres sus pollas en el culo, el coño y su boca.

Cuando llegó esta escena yo me sentía como el lord inglés, atado y sin poder participar en la escena. Al menos del tío de la película se apiadó la criada, que le metió una mamada que lo dejó seco mientras él seguía con las manos amarradas al palo mayor… lo mismo que yo, porque mi mano hacía rato que había dejado de acariciar mi verga, más tiesa que el palo mayor del barco, y la meneaba con fuerza arriba y abajo hasta que, en el momento en que el pirata seboso intentaba meter polla morcillona en el culo de la chica, mi pene empezó a disparar descargas de leche que me fueron cayendo encima del pecho.

Ya más relajado me quedé a ver lo poco que quedaba de cinta (más que nada por la curiosidad de haber encontrado un peli porno con argumento), en la que el lord se incorporaba a la tripulación pirata enrollado con la criada, mientras que la dama se convertía en la nueva capitana de la nave con toda la tripulación a su servicio. Me levanté y después de ducharme me puse un pantalón corto de deporte tipo short, muy corto pero holgado y de tela muy ligera que me resulta muy cómodo y una camiseta de tirantes y me disponía a prepararme algo de comer cuando llamaron a la puerta.

Al abrirla me encontré a Susana, nuestra vecina de pelo rubio, vestida de un modo muy similar al mío, pero que a ella le sentaba, obviamente, mucho mejor.

-Disculpa que te haya molestado… -Que va, al contrario, si no estaba haciendo nada - menos mal que no había llamado en plena masturbación.

-Ah, vale, mejor - tenía una sonrisa preciosa -. Verás, es que tenemos una gotera en el baño y no sabíamos si es que os habíais dejado algún grifo abierto.

    

-No, no creo, de hecho me acabo de duchar ahora mismo y no había nada abierto, pero si quieres os echo un vistazo.

Me di cuenta inmediatamente de que había dicho "OS echo un vistazo" en vez de "le echo un vistazo". Creo que me traicionó el subconsciente al mirarle los pezones que se marcaban por debajo de su ajustada camiseta porque no llevaba sujetador y ella se percató de mi azoramiento y riéndose me contestó: - Claro, puedes vernos todo lo que tú quieras.

Le seguí embelesado mirando los movimientos de ese culo perfecto y agradeciendo el hecho de haber acabado de masturbarme y que mi pene se mantuviera más o menos tranquilo, aunque empezaba ya a notar de nuevo el cosquilleo que anunciaba otra próxima erección. Para colmo, sus otras dos compañeras, que también estaban en el piso, iban vestidas si cabe aún más provocativas. Sonia llevaba puesto un albornoz corto, que apenas le cubría el culo sin dejarme adivinar si llevaba algo más debajo y por arriba el escote dejaba ver la mitad de cada uno de sus hermosos y desafiantes pechos. Leyre, por su parte, vestía un camisón corto de raso blanco con bordados en negro formando una fil
 


igrana entorno a sus pechos y ribeteando el borde inferior del mismo, que cubría menos de mitad de la pantorrilla; por la espalda los tirantes se cruzaban varias veces y dejaban al descubierto toda la piel hasta tres dedos por debajo del arranque del culo.

-Ha venido a ver de donde nos viene la humedad.

Susana seguía con el juego de las frases de doble intención. Me temía que iba a pasar muy mal rato… pero ¡qué equivocado estaba! Entré en el cuarto de baño. El techo era de escayola desmontable y había una mancha de humedad que ocupaba parte de dos placas y de la guía que las unía caía de cuando en cuando una gota.

-¿Tenéis alguna escalera?Leyre trajo enseguida una escalera de tijera de cuatro peldaños.

-¿Quieres que te la plantemos?... La escalera, digo.


    


-Creo que me apaño solo.

-Pues tú te lo pierdes.

No paraban de divertirse a costa de mi apuro. Y a mi cada vez me costaba más retener la erección que se avecinaba. Me subí a la escalera colocándome a horcajadas, con una pierna en cada tramo para poder colocarme de espaldas a ellas y que no vieran mi erección. Desmonté una de las placas y vi que la gotera se producía por una junta roscada de una conducción que al parecer se había desajustado.
_ ¿Sabes ya qué pasa? -Sí, es un empalme que está algo suelto. Si me pasáis alguna herramienta os lo soluciono.

-Anda, Sonia, cógele tú la "herramienta" que al parecer no está bien "empalmado".

-Encantada, cariño.
Y dicho y hecho se puso delante de mí, que a esas alturas ya tenía el short como si fuera una carpa de circo, y cogiéndome el pene con las manos les dijo a las otras dos.

-Creo que nos está engañando. Esta herramienta está muy bien empalmada.

Sonia había empezado ya a acariciarme la verga por encima del short. Leyre y Susana se acercaron y también empezaron a acariciarme, pero metiendo sus manos por debajo del pantalón. Susana me acariciaba las nalgas y Leyre había liberado ya mi sexo de la tela que lo constreñía y, dado que yo seguía subido a la escalera y mi pene quedaba a la altura de su boca, empezó a lamerlo recorriéndolo con su lengua, dándole vueltas al capullo hasta acabar engulléndolo de un solo bocado hasta el fondo de su garganta. Lo volvió a sacar y comenzó un continuo mete y saca de mi capullo, penetrando su boca a través de sus carnosos y prietos labios, para ser recibido en cada acometida por una suave recorrido de la lengua alrededor de la cabeza de mi pene o lamiendo la parte inferior del glande.

Susana mientras tanto continuaba sobándome el culo, con cada una de sus manos amasando mis nalgas, metiéndome el pantalón en la raja del culo como si fuera un tanga. Sin dejar de magrearme, acercó su lengua y empezó a lamerme desde el ano hasta los testículos con la punta de su lengua, penetrándome ligeramente con ella cada vez que rondaba ese centro de placer.

Mientras, Sonia se había sentado frente a mí, sobre la encimera del lavabo y había dejado caer ligeramente su albornoz, dejando al aire sus pechos. Tomándome de la nuca me obligó a inclinarme sobre ella y juntó sus labios con los míos, dándome un caliente beso antes de reclinarme más hasta que pude comerme aquellos pechos tan deliciosos.

Subido aún encima de la escalera y obligado a agacharme para amasar con las manos y comerme a besos los pechos de Sonia, dejaba mi culo en pompa completamente expuesto a las buenas artes de Susana, quien aprovechó la posición abierta de mi ano para, habiéndose untado las manos de alguna crema que tomaría del armario, empezar a penetrarme con sus dedos, al principio con uno de ellos pero poco después, animada por mis jadeos, llegar a meterme hasta tres. Con cada respingo que daba cada vez que Susana me metía un dedo más, dilatando mi esfínter, mi verga se endurecía dentro de la boca de Leyre, quien no paraba de engullirla. Desde luego, si no me hubiera acabado de masturbar ya haría un buen rato que me habría corrido, pero gracias a ello estaba pudiendo disfrutar a tope de aquella orgía.

-Creo que este chico está deseando que le den una buena follada.

Susana había dejado por un momento la dedicación a mi orificio trasero y a través del espejo pude ver que había abierto el armario de pared donde aprecié perfectamente alineados varios consoladores de tamaño y realismo dispar.


Había uno que incluso superaba en tamaño a mi verga en plena erección y eso que mis dimensiones son bastante respetables, así que deseé que no se decidiera por ese porque me hubiera partido en dos.

-Creo que empezaremos por éste.
Tomó uno de tamaño mediano y con la forma estándar del vibrador de siempre. Me sentí aliviado porque esa punta en forma oval entró en mi ya trabajado culo sin ninguna dificultad, haciéndome gemir de placer, sobre todo cuando Susana empezó a realizar con él movimientos circulares, como queriendo relajar aún más mi esfínter, con claras intenciones de ir aumentando el tamaño del aparato que pensaba introducirme.

Sonia restregaba sus pechos contra mi cara y había metido una de sus manos bajo el albornoz, acariciándose su sexo. Yo, en la posición en la que estaba, necesitaba mis manos para aguantar el equilibrio, de modo que estaba a merced de lo que aquellas tres quisieran hacerme… y no tenía queja ninguna de lo que me hacían disfrutar.

-¿Te gusta que te follen, eh? -Siii - yo ya estaba fuera de mí.

-Venga, díselo a Susana.

-Me encanta que me folles. - apenas podía balbucear mis palabras, ocupado como me tenía Sonia con mi cabeza entre sus pechos, y ella seguía preguntándome y haciendo que me excitara aún más con la situación, al tener que admitir que me encantaba lo que me estaban haciendo.

-Pídeselo a Susana. Dile que te folle bien follado, que te rompa ese culo… -Síii, siii… Fóllame Susana. Méteme uno más grande. Quiero que me folles hasta que me corra en la boca de Leyre.

Cerré los ojos y dejé por un instante de lamer los pezones de Sonia cuando sentí la nueva herramienta en la entrada de mi ano. Quería concentrarme para sentir todo el placer que me iba produciendo a cada centímetro que me penetraba. Susana se detuvo un momento cuando notó en mí un pequeño respingo de dolor, pero continuó manteniendo la presión durante un momento, sin forzarlo, hasta que poco a poco el artilugio pudo continuar su avance hasta los más hondo de mis entrañas. Creía que nunca iba a parar de penetrar en mi interior, pero al fin comenzó la retirada para de nuevo reiniciar la penetración, una y otra vez, lentamente al principio hasta que el hueco de mi ano se acomodó al tamaño de su huésped.

Yo continuaba con los ojos cerrados disfrutando del momento, abrazado a Sonia, besándola o con la cabeza recostada sobre sus pechos para no caerme, gozando de lo que tanto Leyre como Susana me estaban haciendo. Sonia se deleitaba con la situación.

-Te gusta, ¿verdad, cariño? Te encanta sentir una polla dentro de ti. Seguro que también te gustaría estar mamando una como te la está mamando Leyre, ¿a que sí? ¿Nunca te has comido una polla? -No, nunca. - mi cabeza era un torbellino de sensaciones, estaba como si me hubiera tomado media botella de ron sin haber bebido una gota.

-Pero hoy lo estás deseando, lo sé. Venga, cielo, atrévete a decir que ahora te gustaría sentir una buena verga dentro de tu cuerpo.

Mi imaginación y mi excitación unidas no tenían límite en ese momento. Es esa situación no estaba en disposición de racionalizar lo que me estaba pasando, así que me dejaba llevar por la borrachera de pasión que vivía en ese momento, así que decidí seguir el excitante juego que me proponía Sonia: -Oh, si… me encantaría que me penetraran por todos lados… -¿Te comerías una polla? -Me encantaría… me comería una polla ahora mismo.

-¿Te gustaría saborear su leche? -Si, hasta tragármela toda.
En circunstancias normales me resultaría verdaderamente impensable oírme decir todo lo que estaba diciendo. Pero en aquellos momentos mi excitación cada vez subía a más, me había metido tanto en aquel juego que verdaderamente estaba llegando a desear comerme la polla de un tío. Así que cuando Sonia se abrió su albornoz y me dijo: -Venga, pues, disfruta de lo que tanto estás deseando.
    
En ese momento no me lo pensé dos veces. Quizás porque si lo hubiera pensado dos veces no sé cómo habría reaccionado, si hubiera seguido o tal vez habrías salido corriendo. Pero cuando vi la enhiesta verga que me ofrecía Sonia en el lugar donde hasta ese momento yo suponía que encontraría su coño, al instante supe, sin necesidad de girarme, que l
 


o que Susana me estaba metiendo por el culo no era otro consolador. Como un relámpago pasó por mi cabeza la imagen de aquellas tres preciosidades desnudas ante mí blandiendo sus tiesas pollas en la mano, porque supuse que también Leyre, la que me estaba haciendo aquella deliciosa mamada, era un travesti. Por eso, aprovechando la confusión del ruido que el trueno que siguió a ese relámpago produjo en mi mente, la parte visceral de la misma, con toda la carga de excitación que traía, se lanzó hacia esa ofrenda que me hacía Sonia y me metí su polla en la boca, comenzando a mamársela con verdadera lujuria, reemplazando con pasión mi falta absoluta de experiencia en esos menesteres.

Y en ese instante ya no pude más y descargué toda mi leche en la boca de Leyre, que no dejó escapar ni una gota, aunque la verdad es que no debió de salir demasiada, teniendo en cuenta que era la segunda corrida en pocos minutos. Al correrme había tensado los músculos de mi ano con cada descarga, lo que propició que Susana acabara corriéndose dentro de mí. Sentir su leche caliente dentro de mí cuerpo me excitó aún más si cabe, por eso, a pesar de la eyaculación, mi pene siguió tan erguido como antes, cosa que no me había pasado nunca, y estaba deseando que también Sonia acabara corriéndose en mi boca para poder sentir por primera vez el sabor del semen en mis labios.

Sin necesidad de pedírselo, Susana y a Leyre intercambiaron sus posiciones y aproveché para acomodarme mejor. La verdad es que incluso hoy mismo me extraño de pensar hasta qué punto en un momento rompí todos los tabúes interiores que tenía hacia las relaciones homosexuales, aunque bien es verdad que incluso hoy sigo pensando que hay dos clases de travestis: los que aunque se pinten, se hayan puesto tetas de silicona y se depilen no dejarán de parecer un hombre disfrazado de mujer, y las que realmente parecen una verdadera mujer a las que la naturaleza ha dotado de un miembro adicional para darnos un extra de placer. Y para mí, aquellas tres eran eso, tres mujeres con un regalo extra de la naturaleza.

Leyre se sentó en un taburete y yo me acomodé sentándome sobre ella de espaldas, mientras su miembro, de mayor tamaño que el de Susana, me anclaba a ella penetrando mi trasero ya sin ninguna dificultad y con mayor placer para mí. Sonia seguía sobre el banco del lavabo pero ahora su pene era el que quedaba a la altura de mi boca, por lo que no tenía que hacer demasiados esfuerzos para mamárselo mientras cabalgaba a Leyre. Susana se acomodó como pudo para alcanzar mi verga e intentar mantenerla en su boca mientras yo iba cabalgando la polla de Leyre y, aunque se le escapaba en muchas ocasiones, continuaba manteniendo el ritmo con la mano.

Esta vez la primera en correrse fue Sonia, y es que yo estaba poniendo todo el empeño en que así fuera, pues aunque era la primera mamada que hacía me pareció que tenía un arte innato para hacerlo. Disfruté en las primeras descargas de aquel nuevo sabor en mi boca y, al contrario de lo que pensaba, no me resultó desagradable, sino todo lo contrario, aunque tampoco sabría definir su sabor. Como un amigo mío al que le preguntamos a qué sabía el novedoso helado de pistacho que se había pedido y con toda naturalidad contestó "pues… a pistacho", yo diría que el semen sabía a eso… a semen.

Mientras terminaba de limpiar con mi lengua y dejar reluciente la verga de Sonia, Leyre empezó a penetrarme a mayor ritmo (yo me había incorporado al recibir la descarga de Sonia en mi boca para no se me escapara ni una gota y Leyre tuvo que ponerse en pie para culearme desde detrás). Todavía tardó un poco en terminar, cada vez bombeando su polla a mayor velocidad alcanzando en cada embestida mi "punto G" y haciendo que alcanzar mi tercer orgasmo en la tarde, ahora en la boca de Susana, mientras sentía también que por tercera vez me llenaban de leche.

Nos quedamos un rato abrazados y después nos metimos los cuatro en la ducha. Me lavaron frotándome todo el cuerpo con sus manos y sus cuerpos pero, a pesar de lo a gusto que estaba, creo que había llegado ya al límite de descargas, como diría el emule. Me invitaron a comer y después me retiré a mi piso a dormir el merecido descanso. Los dos días siguientes estuve ocupado con la presentación del trabajo, aunque no dejaba de darle vueltas a los que me había ocurrido. Decidí no contar nad
 


a a mis compañeros de piso de la realidad sexual de nuestras adorables vecinitas. Además, a final de semana me comentó Sonia, con quien me crucé en el ascensor que ellas iban a estar fuera durante un mes y pico por motivos de trabajo. Pensé que mejor así, pues venía la recta final de exámenes y entregas y no era cuestión de andar descargando mi energía en otros menesteres.

Llegado el mes de julio habíamos terminado ya el curso con éxito, si bien como aún no se habían redactado las actas estábamos a la espera para hacer el trámite de solicitud del título y aprovechamos esos días para celebrar el final de nuestra vida universitaria. Y uno de esos días en que nos estábamos preparando para salir de marcha, creo que un viernes, llamaron a la puerta y aparecieron Susana, Sonia y Leyre con un par de botellas de champagne en la mano, vestidas con trajes de fiesta entallados, con pronunciados escotes que dejaban entrever los maravillosos pechos de Susana, los hombros al descubierto de Sonia o la espalda de Leyre. Venían dispuestas a felicitarnos por nuestra licenciatura.

-Nos hemos enterado y venimos a felicitaros… a menos que tengáis otros planes.

-Pues la verdad es que los teníamos - dijo Arturo - pero no tan buenos como éste.

De modo que descorchamos las botellas, pusimos música y empezamos a beber y a bailar. Ellas se arrimaban a nosotros, insinuándose, bailando pegando sus cuerpos a los nuestros y recorriendo nuestras espaldas con sus manos, acariciando nuestros cabellos y susurrándonos al oído. Yo bailaba con Leyre, mientras que Arturo lo hacía con Susana y Ramón con Sonia. Me estaba poniendo a tope, pero por otra parte no podía disfrutar del todo de la situación. ¿Debía decirles a Ramón y a Arturo que estábamos enrollándonos con tres travestis? ¿Debía dejar que la situación siguiera adelante y a ver qué pasaba? Y si no decía nada y cortaba el rollo ¿qué me harían Arturo y Ramón por haberles jodido lo que ellos veían como la oportunidad de montar la orgía que tanto habíamos deseado?

Pero ya no había vuelta atrás. Arturo y Susana se estaban morreando con verdadera pasión, mientras que Ramón ya había bajado con sus besos de los hombros a los pechos de Sonia, bajándose el vestido a medida que descendía hasta lamerle los pezones. Como yo seguía parado, Leyre me preguntó: -Bueno, y tú a qué estás esperando. ¿Es que hoy te han venido los escrúpulos?

Leyre me dejaba así en evidencia indicando que no era la primera vez que lo hacíamos. Me giré hacia Arturo y Ramón, que estaban mirándome con una sonrisa socarrona. Y al ver esas miradas lo comprendí que ellos conocían igual que yo los secretos de aquellas tres mujeres y que, al igual que yo, ya los habían disfrutado, de modo que rodeé a Leyre con mis brazos y la besé en la boca buscando su lengua con la mía mientras una mano avanzaba por la raja de la falda de su vestido hasta alcanzar su culo, la enrosqué en el hilo que era la parte posterior de su tanga y de un estirón se lo arranqué y busqué entonces su pene liberado para empezar a acariciárselo hasta que alcanzó una buena erección. Seguí masturbándola mientras con la otra mano y con su ayuda, procedía a quitarle el vestido. Cuando éste resbaló por su cuerpo hasta el suelo, pude admirar aquel prodigio que a medias entre la naturaleza y la medicina plástica habían creado. Casi completamente desnuda, apenas con unas medias negras atadas a un liguero de encaje, con los zapatos de tacón puestos y su verga y sus tetas desafiándome a comérmelas. Susana y Sonia se quitaron también sus vestidos se quedaron de la misma guisa, con las medias de trencilla y los portaligas enmarcando sus empalmadas pollas frente a nosotros.

-Venga, ¿pensáis desnudaros o vais a quedaros mirándonos toda la noche?

Nos desnudamos completamente los tres, dejando así al aire en aquel salón seis pollas totalmente empalmadas y anhelantes de encontrar alguna boca o culo que las recibiera. Nos acercamos a ellas y tomamos cada uno una polla en la mano mientras ellas acariciaban las nuestras y nos daban un apasionado y húmedo beso. Y así empezó la orgía que tanto tiempo habíamos estado esperando… aunque desde luego nada tuviera que ver con la que nosotros nos habíamos imaginado. La orgía que habíamos diseña


do en nuestras tertulias de estudiantes se iniciaba con tres tías arrodilladas ante nuestras pollas dándonos una mamada espectacular… y aquella empezó con nosotros tres sentados en el sofá y dando esa espectacular mamada a tres hermosas pollas que nos llenaban la boca mientras acariciábamos las tetas de quienes tan generosamente nos follaban por la boca.

Si en nuestra orgía virtual continuábamos la fiesta colocando a la chavalas a cuatro patas y alternando sucesivas penetraciones en el coño y en el culo que se nos ofrecía (la ventaja de ser un sueño es que podíamos hacerlo durante tanto rato sin corrernos)… en la orgía real que tuvimos fueron ellas las que nos colocaron a cuatro patas y nos dieron una enculada que nunca hubiéramos pensado disfrutar tanto, y es que resultaba tremendamente excitante ver cómo dos tías espléndidas (porque yo seguía viendo a las tres como hembras con cipote) se están follando a tus amigos, vestidas con sus portaligas y sus medias de rejilla, con sus pechos balanceándose al ritmo de sus embestidas, viendo sus vergas entrar y salir al mismo tiempo que tú estás sintiendo cómo la que te ha tocado en suerte te penetra hasta lo más hondo y sale completamente de ti para volver a penetrarte de nuevo una y otra vez.

Y por fin, si en la orgía que planeábamos acabábamos con una triple penetración a cada una de las chavalas, alternando los agujeros que ocupábamos con cada una de ellas para terminar corriéndonos sobre sus bocas deseosas de recibir nuestro semen, aquella noche concluimos la orgía , siempre a indicación de Leyre que era quien llevaba la voz cantante, tumbados de lado en la cama de matrimonio (una cama de 1.80 de ancho que utilizaba normalmente Arturo), formando una especie de triángulo en el que en cada vértice coincidía una de nuestras pollas con la boca de otro de nosotros. Yo estaba a cuatro patas mamándosela a Arturo mientras que mi polla recibía las atenciones de los labios de Ramón. Ellos dos tenían una posición más forzada para poder Arturo alcanzar con su boca la polla de Ramón.

Los tres, que hasta entonces nunca hubiéramos imaginado llegar a tener una relación homosexual estábamos allí, en la cumbre de aquel frenesí en el que nos habíamos embarcado, mamándonos las pollas unos a otros mientras que Leyre, Sonia y Susana primero nos miraban masturbándose y luego, empezaron una follada que nos llevó a los tres a corrernos casi al unísono en la boca de nuestro compañero y sentir, mientras continuábamos mamando sus pollas hasta dejarlas limpias de semen, cómo el líquido caliente de las tres mozas nos llenaba las entrañas. Y debo decir que creo que fue el más afortunado en el reparto, no solo porque me tocó ser enculado por Leyre, cuyo miembro sin duda era el mayor de los seis y a esas alturas ya mi culo no se conformaba con menudencias, sino porque además, en la posición en la que estaba, le podía ofrecer mi culo bien abierto para que me la estacara hasta el fondo.

Aquella noche dormimos los seis en aquella cama, en un amontonamiento de cuerpos exhaustos, abrazados unos a otros sin saber a ciencia cierta de quien era la piel o las manos que te abrazaban. Y al despertar fueron ellas las que nos regalaron una mamada que enseguida nos puso a punto para cabalgarnos hasta que nos corrimos dentro de sus contorneados culos. Cuando ellas se fueron, estuvimos aún un par de días en el piso acabando de recoger los trastos, un poco azorados por no saber cómo abordar lo que nos había pasado. Nos despedimos el último día con sinceros abrazos prometiéndonos seguir en contacto a menudo, pero lo cierto es que en los años que han pasado desde entonces apenas les he vuelto a ver, salvo en algún evento puntual referido a nuestra profesión.

Por mi parte no he vuelto a tener relaciones con ningún travesti y solo en otra ocasión he vuelto a mantener relaciones homosexuales… curiosamente en otra orgía en la que participó mi actual mujer. De Arturo y Ramón, por el contrario, sé que forman pareja y me enviaron un mensaje comentándome que iba a casarse ahora que la legislación lo permitía. No me han invitado a la boda, quizás porque piensan celebrar en la intimidad o porque, según me he enterado, los dos son tremendamente celosos y tal vez recelen la presencia de alguien que fue el tercero en discordia la noche que se inició su relación.

Lo que sí que hice al poco de casar


me fue regalarle a mi mujer un consolador con arnés para disfrutar al máximo viendo y sintiendo como me folla, o cabalgando encima de ella mientras me masturba hasta que me corro sobre su ella y se restriega la leche en sus pechos. El último que hemos probado es el Feeldoe, que mi mujer se inserta en el coño y, si no fuera por su color azul, realmente parecería un auténtico travesti.
 

 

1 - 2 - 3 - 4 - 5 - 6 - 7 - 8 - 9 - 10

VIDEOS GRATIS DE TRANSEXUALES

PAGINAS RECOMENDADAS:

Videos Fotos Gay - Fotos Gays - Gay Duro Videos Gay - Tema Gay - Porno Gratis - Sexo Transexuales - Fotos de famosos - Fotos y Videos Gays  -Chicos Gays - Intercambios Porno - Sexo XXX - Sexo Gay - Pollas Gays - Porno Gay -  Chicos Gays - Sexo Gay

© www.gratistrans.com 2009